miércoles, 3 de agosto de 2016

RICARDO Y EL CABALLO


En la insigne tragedia Ricardo III de   William Shakespeare, el monarca, viéndose rodeado por sus enemigos y agobiado por verse obligado a combatir a pie, gritó: ¡Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo!...

Así hube de sentirme cuando hace más de cuatro años Merche me dejó. A pesar de que nuestra necesaria separación fue de mutuo acuerdo y que ambas partes salimos ganando, verle salir del parking acompañada por otro me rompió el corazón. Ha sido un tiempo de tristeza y añoranza, pues no pude dejar de recordar aquellos días en los que superado por  la rutina y la tensión, iba a buscar  mi moto y quedaba con los mejores compañeros que puedo imaginar para compartir ruta. No sabrán nunca ustedes lo que uno se ahorra en psicólogos.

Bien, en cualquier caso, en ocasiones las aguas regresan a su cauce y los momentos amargos del pasado se van, para nuestra sorpresa, diluyendo. Nos perdonamos a nosotros mismos por haber hecho cosas que jamás pensamos poder hacer y allí donde se creó un vacio, una nueva presencia nos colma de sonrisas.

Me dijo un amigo, en aquel instante de inestabilidad, que debía quedarme con los buenos ratos vividos y tener la severidad de que me enamoraría de nuevo. Me habló de que otra fiel compañera aceptaría que la pilotase y que otro nombre me daría un presente intenso, convirtiendo la añoranza de Merche en un dulce y preciado recuerdo.

Han sido cuatro largos años sin madrugar en festivo, sin equiparme para la carretera, sin decidir una ruta, sin ese humeante café antes de acometer el asfalto, sin el ronroneo de una noble máquina, sin el suntuoso bocadillo del almuerzo y sin la reparadora ducha al regresar a casa. No es fácil explicar el modo en que tres horas de felicidad rutera te dan vida una semana...

Hoy es una gran jornada, me he desposado con Sara, una hermosa germana bicilíndrica de aspecto adusto y rodar elegante que en su simple ponerse en marcha, ya me hace soñar con viajes perfectos.

Gracias Alberto por habernos presentado, decirte gracias nunca será suficiente.

LA MOTO MERCHE