domingo, 26 de noviembre de 2017

AMORES CIERTOS


Todavía se mantiene fresco en mi memoria aquel momento, aquella tarde en la que desbocado por el deseo, te llevé por fin a mi casa donde en la intimidad te confesé, susurrando, y mientras acariciaba con delicadeza todo lo que tienes acariciable, que siempre te trataría como a una reina.

Reconozco que desde niño despertaste en mí ese instinto que de un modo irrefrenable me indujo a tratar de poseerte, de que fueras mía y solo mía, pese a que por tu figura y por tu forma de ser, fueras objeto del deseo de la inmensa mayoría de hombres e incluso, por qué no, de alguna mujer.

Me acuerdo que me notaste tenso, un poco brusco, hasta nervioso en los primeros tanteos aquella tarde en la que iniciamos esta relación que ya dura...¿dieciocho años?. Sí, dieciocho años de complicidad, de compartir grandes y bellos momentos, de viajes inolvidables, de tórridas y susurrantes sensaciones.

Siempre has sido decidida, complaciente, receptiva y pocas veces, muy pocas has puesto freno a mis pretensiones. Poco importaba el camino a recorrer si entre tú y yo se establecía ese pacto no firmado de llegar hasta el final en todo aquello que nos propusiéramos. Y es que yo soy para ti tal y como tú lo eres para mí.

Al principio, sobre todo el primer día, tú también respondiste con cierta brusquedad, como a trompicones y es que claro, todavía nos faltaba un buen rodaje juntos en esa aventura que de una forma ya casi inesperada, se iniciaba entre nosotros en esa etapa de mi vida en que la verdad, ya pensé que nunca llegarías.

La esbeltez de tu figura, tus sinuosas curvas, el calor que llegas a desprender cuando uno intima contigo, la súbita descarga de adrenalina que supone llegar contigo al éxtasis, al límite que la prudencia establece, a la locura.

Tu olor, ese olor que de joven desprendías y que ahora, en plena madurez me sigue volviendo loco, especialmente cuando te calientas y me transmites ese calor que se desprende de tu interior, ese vibrante aroma que viajando desde mi entrepierna me sube hasta el rostro y me sumerge en las más agradables sensaciones.

Me gustas, me ilusionas, me seduce seguir cabalgándote y que ese gozo que me transmites, ese placer del que me haces partícipe, me hace verte siempre joven, siempre dispuesta.

Y es que mi querida, mi amada, mi maravillosa moto, no sabría vivir sin ti.


Javier Bastida, 23 noviembre 2017. 

domingo, 12 de noviembre de 2017

MARC EL MESTIZO


Algo hay de cierto en aquello de que lo que Dios no da, Salamanca no lo otorga. Vamos, que muchos podremos esforzarnos en progresar en esta o aquella disciplina, pero la genialidad –a todas luces- viene de serie o no viene.

Uno ya es viejuno y ha visto muchas carreras y en ellas, a infinidad de pilotos. No les esconderé que siempre mantuve un apasionado interés por alguno al que consideraba el mejor. El primer ídolo que tapizó las paredes de mi habitación fue el añorado Barry Sheene. El inglés era un tipo simpático y miren dada mi edad de entonces, eso de que decorase su casco con la jeta del pato Donald, me molaba. Retirado Sheene en 1981, una generación de pilotos españoles pintó el Mundial. En plena efervescencia adolescente me convertí en un hoolligan de un trio que elevó el deporte de las dos ruedas a la categoría de deporte de masas: me refiero a Sito Pons, Joan Garriga y Carles Cardús.

De los tres, mi piloto fue  Garriga, un hombre que a pesar de acabar su vida degradado por infinidad de problemas, en su época de competición era la sal de los circuitos. Las especias con las que cocinaba las carreras nunca estuvieron a disposición de Sito o el Tiriti (así se apodaba Cardús). Es más que seguro que están pensando en que no aportó grandes triunfos y les diré que es absolutamente cierto. En cualquier caso, en Joan Garriga empezamos a leer un descaro que habría de empezar a reconocerse llegada la segunda mitad de la década de los noventa del siglo pasado.  Por cierto, otro apunte, no olvido que contamos en este país con enormes pilotos como Aspar, Champi Herreros, Álex Crivillé, Emili Alzamora y un listado inacabable que perdonarán que no relacione, pues no cabe duda de que no acabaría –afortunadamente- nunca.

Bien para mi sorpresa, en 1996, empecé a echar el ojo a un transalpino delgaducho que parecía competir al margen del resto del mundo: me refiero a Valentino Rossi, Il Dottore. El tipo le pasó la mano a cualquiera que le retaba. Machacó literalmente en todas las categorías y en todos los circuitos. Empecé a verle como un Frankenstein que encarnaba la simpatía de Sheene, la técnica de Pons y las gónadas de Garriga. Convivió con pilotos hispanos que seguro merecieron y merecen ser puestos en consideración –ahí están Dani Pedrosa y Jorge Lorenzo- pero amigos, lo dicho, todo lo hacía bien y no fallaba nunca. Pero cuando más ensimismado estaba con el italiano apareció -en una edición de la 24 Horas de Montmeló- un ojeador del Campeonato de España de Velocidad (CEV) y se marcó, como un jaque, la siguiente sentencia: estáis equivocados, el piloto a seguir, el que hará historia, el que marcará la diferencia, es un chaval que se llama Marc Márquez.

Bien, aquí estamos, aquel hombre sentó cátedra, Marc Márquez  tiene 24 años, ha ganado seis Campeonatos del Mundo (1 en 125 cc, 1 en Moto2 y 4 en Moto GP) y mejora día a día. Cuando le veo pilotar, veo a un genial Mozart de las dos ruedas que disfruta de un espíritu mestizo que encarna todo lo que me apasionó de los pilotos que acompañaron –desde pequeño- mi pasión por las motos. Por cierto, antes cité a Alzamora. Ahora es el mentor de Márquez y es precisamente, un piloto que ganó el Mundial de 125 sin ser primero en ninguna carrera, quien enseñó al portento de Cervera a planificar su ímpetu para ser imbatible. ¿Saben?, Angel Nieto nos puso el deporte de la moto en la conciencia, pero Marc Márquez ha convertido una afición en algo parecido a la fe.

LA MOTO MERCHE    

lunes, 20 de marzo de 2017

VIDA NUEVA


En un tiempo como el nuestro, la humanidad se cosifica y a las cosas se les otorga condiciones de seres vivos, diríase que casi aspectos humanos. Sin duda lo apuntado nos indica, que como sociedad, avanzamos hacía una silente locura colectiva, pero en lo que hoy nos ocupa, el amor enmienda a los orates y los hace elementos dignos y necesarios.

Miren, a todas luces un vehículo de autoescuela es de todos y de nadie, pues aún perteneciendo nominalmente a una empresa, la realidad nos indica que tiene tantos dueños como conductores. Me refiero a todos los que se recibieron como aptos tras circular el día del examen que les puso a prueba. De eso versa este escrito, de una máquina que se ganó el tener alma gracias a todos los que compartieron con ella sus esperanzas.

En Autoescuela Requena, una humilde Yamaha SR 250, durante 26 años fue montura de prácticas y examen para miles de alumnos. Esa motocicleta vivió de primera mano los miedos, los deseos y las alegrías de unas personas que le otorgaron, a pequeños jirones, un verdadero corazón cálido y propenso a ayudar a los noveles a cumplimentar aquello de sacarse el carnet.

¿Me preguntan a donde desean llegar estar letras?, sencilla es la respuesta: esa moto se ha ganado la jubilación con reconocimientos y honores. Lejos de ser canibalizada para utilizar sus piezas y componentes, mi amigo Alex le ha concedido una pensión vitalicia y ha hecho magia para que la otrora vetusta monocilindrica se convierta en una preciosa joya de las dos ruedas. La prudente moto del pasado, es hoy una scrambler deseosa de juguetear sin descanso.

No lo duden, existen motos con alma y cada vez que se ponen en marcha, explican hermosas historias y en su rodar, nos llevan a renovar los sueños.

LA MOTO MERCHE

miércoles, 3 de agosto de 2016

RICARDO Y EL CABALLO


En la insigne tragedia Ricardo III de   William Shakespeare, el monarca, viéndose rodeado por sus enemigos y agobiado por verse obligado a combatir a pie, gritó: ¡Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo!...

Así hube de sentirme cuando hace más de cuatro años Merche me dejó. A pesar de que nuestra necesaria separación fue de mutuo acuerdo y que ambas partes salimos ganando, verle salir del parking acompañada por otro me rompió el corazón. Ha sido un tiempo de tristeza y añoranza, pues no pude dejar de recordar aquellos días en los que superado por  la rutina y la tensión, iba a buscar  mi moto y quedaba con los mejores compañeros que puedo imaginar para compartir ruta. No sabrán nunca ustedes lo que uno se ahorra en psicólogos.

Bien, en cualquier caso, en ocasiones las aguas regresan a su cauce y los momentos amargos del pasado se van, para nuestra sorpresa, diluyendo. Nos perdonamos a nosotros mismos por haber hecho cosas que jamás pensamos poder hacer y allí donde se creó un vacio, una nueva presencia nos colma de sonrisas.

Me dijo un amigo, en aquel instante de inestabilidad, que debía quedarme con los buenos ratos vividos y tener la severidad de que me enamoraría de nuevo. Me habló de que otra fiel compañera aceptaría que la pilotase y que otro nombre me daría un presente intenso, convirtiendo la añoranza de Merche en un dulce y preciado recuerdo.

Han sido cuatro largos años sin madrugar en festivo, sin equiparme para la carretera, sin decidir una ruta, sin ese humeante café antes de acometer el asfalto, sin el ronroneo de una noble máquina, sin el suntuoso bocadillo del almuerzo y sin la reparadora ducha al regresar a casa. No es fácil explicar el modo en que tres horas de felicidad rutera te dan vida una semana...

Hoy es una gran jornada, me he desposado con Sara, una hermosa germana bicilíndrica de aspecto adusto y rodar elegante que en su simple ponerse en marcha, ya me hace soñar con viajes perfectos.

Gracias Alberto por habernos presentado, decirte gracias nunca será suficiente.

LA MOTO MERCHE

lunes, 22 de abril de 2013

MARC MARQUEZ: The Rookie



Aprovecha la oportunidad en todas las cosas; no hay mérito mayor. Píndaro

Corría el verano de 2009 y me encontraba en boxes del equipo con el que colaboraba en las “24 horas de Montmeló”, carrera que heredó la mística de la prueba de resistencia que durante decenios, se celebró en la montaña de Montjuïch de Barcelona.

Como podrán imaginar, entre relevo y relevo, cabezaditas, cafés y acumulación de cansancios, se habla y mucho. En uno de esos puntos de charla motera, un promotor del CEV (Campeonato de España de Velocidad), tras escucharnos defender numantinamente a nuestros pilotos favoritos del Mundial, nos espetó: “el piloto a seguir, el que marcará la diferencia es Marc Márquez”…

Ciertamente quien más quien menos, había oído hablar de un chaval de Cervera que “apuntaba formas”, pero nadie le intuía la relevancia que el manager busca-recursos le otorgaba. Se amplió el discurso y poco a poco entró en detalles que nos levantaron el interés. Según nos decía, el muchacho tenía como mérito principal el que estaba siempre dispuesto a aprender y que “aprovechaba cualquier oportunidad”.

Fuera de contexto, todos pensamos que aprovechar las oportunidades era algo lógico, pero en lo que no caímos es que para hacerlo se debe mantener una actitud especial. Hoy, la progresión de Marc, así lo demuestra…

Muchacho impetuoso, encontró en Emili Alzamora un punto de enlace con la realidad de un deporte duro y peligroso. Su mánager personal le doto del método necesario para ser competitivo llegando primero a ser competente. Ahora ya nada podrá detenerle.

LA MOTO MERCHE

jueves, 19 de abril de 2012

UNA SENSACION LLAMADA MOTO



En una entrada anterior, comentaba que los motards no podemos dejar de hablar de nuestras cabalgaduras. Es un hecho…

Un profano pensaría que tan solo se trata de sentir la velocidad y sin duda estaría equivocado. La moto transmite muchas sensaciones diversas: el sonido del motor, las vibraciones, el olor a combustible cuando repostamos, la sensación de control al manillar, el sentimiento de pertenencia a una clase “especial”, etc,etc…

Hoy os ofrezco el vídeo de un spot que realizó una lotería para promocionar sus sorteos. La protagonista es una moto y su piloto un invidente. ¿Increible?, no, ni mucho menos. Pinchadlo y veréis…

LA MOTO MERCHE

miércoles, 18 de abril de 2012

EL COCINERO VELOZ



Si hablamos de cocina y motos, sin duda, nos vienen a la cabeza los repartidores de pizza. Verdaderos “pilotos” urbanos, serán motivo de reflexión en otra ocasión…

Hoy quisiera hablar de mi buen amigo Miguel, cocinero de pro, apasionado motard y lo más importante, una “enorme” persona.

Su restaurante ha sido y es, lugar de encuentro para un grupo heterogéneo de motoristas. No importa el tipo de cabalgadura, su cilindrada o el nivel de pericia al manillar. En realidad, todos buscamos lo mismo, el mejor combustible para “nuestros” motores, los exquisitos platos que de su cocina salen a las mesas que diligentemente, sirve su esposa Mariu.

Miguel contagia alegría con su discurso rápido y afable. Su arte culinario nos repone el espíritu (aún no he probado una receta que no me guste). Además, a la que te descuidas, alehop!!!, te monta una salidita en moto…

Siempre dispuesto, no hace “ascos” de ninguna ruta. Pingüinos, Andorra, saliditas rápidas a desayunar, en fin, lo “cocina” todo. Mantiene que la moto tiene cualidades “terapéuticas” y que le hace ahorrar en psicólogos. Luego, le suma una dosis de sus lentejas estofadas y nos cura a base de cuchara.

Su Honda es su segundo amor. Una bala amarilla imprescindible en el circo rodante del fin de semana. Sin duda, el cocinero veloz lidera a un grupo que le es fiel por convicción y respeto.

Por cierto, el establecimiento de Miguel y Mariu se llama Ca l´Adan. Está situado en la calle Baltasar de Espanya, 2, 08970 Sant Joan Despí (Barcelona). El teléfono es el 93 477 80 42.

Os lo aseguro, en Ca l´Adan se cocina en moto pero se disfruta de la comida lentamente…

Hoy iré, tengo el depósito en reserva.

LA MOTO MERCHE